ENRIQUE MORENTE

 

 

"La piratería es un mal  menor.
Pero si no se resuelve
me veo vendiendo
mantas"

 

     El X Festival Flamenco de Cajamadrid arranca hoy en el teatro Albéniz de Madrid con un “recital de cante” de Enrique Morente. El cantaor granadino encabeza un encuentro de lujo, en el que también estarán Paco Cepero y Chano Lobato; Cañizares, Mayte Martín y Miguel Poveda ; Capullo de Jerez, Merche Esmeralda  y Diego Carrasco y Marina Heredia . Hoy, la noche se titula La voz creadora, apellido perfecto para este artista picassiano que ha puesto patas arriba el flamenco clásico dándole textos, colores y sonidos nuevos, llevándolo por caminos de una libertad inacabable. Con él estará, dice, “el cuarteto de la suerte: La Barbería del Sur Manuel Parrilla y El Bandolero”. Y sobre la piratería agrega: “Es un mal, pero un mal menor. Hay problemas peores en el mundo”.

Pregunta. Así que “recital de cante”.
Respuesta. Es lo que hago hace años, lo que hacían los cantautores franceses Antes, los flamencos sólo hacíamos festivales. Salía un Don Tancredo, o un tío que contaba chistes y después el cantaor. Ahora todo el que aspire a ser hace recitales.

P. Por cierto, que han salido varias figuras nuevas últimamente.
R.
Sí, las promesas posibles se han hecho artistas Y muy buenos. Hay una baraja extraordina­ria. Hubo un momento en que parecía que sólo salían mujeres, que se iban a hacer con los mandos de una manera absoluta, pero ahora se ha equilibrado. Menos mal. Nos tenían acojonaditos.

P. Algunos signan la influencia de Camarón a la suya.
R.
Bueno, eso quiere decir que al menos no todo ha sido meter la pata en esta vida, que los de mi generación hemos puesto todo lo que teníamos. Pero es ley natural. Todos hemos partido de los maestros. Eso es lo lógico.

P. Como Operación Triunfo.
R.
Eso es otra cosa. Son unos chicos encantadores, con muy buenas condiciones, sobre todo mi paisana Rosa. Y me da miedo que la cicatería de este país se les vuelva en contra. Primero los ensalzamos mucho, y luego, si podemos, los arrastramos. Que los músicos consagrados se metan con esas pobres criaturas es una barbaridad. Yo creo que hay que tener más res­peto por si sale algún artista. No nos los podemos cargar antes de que empiecen. La comercialidad, tal como está la sociedad, es despiadada. Y hace falta que los traumas no les impidan hacer música. El tiempo pondrá las cosas en su sitio. El que tenga talento, lo demostrará a la larga.

P. El otro asunto caliente es la piratería.
R. También es delicado, también afecta más a los músicos que a nadie. La industria tendrá que inventar otro sistema, pero mientras tanto la cuerda se romperá por el sitio más débil. Por otro lado, aceptar que los inmigrantes vendan en mantas es absurdo. Mejor darles trabajo y que vendan en tiendas. Pero es la pescadilla que se muerde la cola. Las compañías han inventado los cacharros que sirven para grabar. ¡A ver si ahora vamos a querer que los cacharros no funcionen, que se rompan al grabar un CD y la gente tenga que comprarse diez aparatos al mes! ¿Y así lo que pierden con la música lo ganan en tornillos? En fin, es una cosa seria y hay mucha gente afectada, pero pedir al público que no compre y al vendedor que no venda... Eso no se le ocurre ni al que asó la manteca. Luego hay otra cosa. En una época, grabar un disco de flamenco era una odisea, un milagro. Mucha gente de generaciones anteriores se quedó sin grabar. Ahora te lo puedes hacer en casa. Así que la piratería es un mal, pero un mal menor. Seguramente hay problemas más serios que resolver, como el que tiene Palestina con ese bárbaro del gorrillo, que demuestra una vez más que estamos vivos de milagro. Aunque es verdad que si lo de la piratería no se resuelve, yo me veo en el Rastro con mi manta. O vendiendo mantas a los de la manta.

P. ¿Cómo ha sido la experiencia de producir un disco a su hija Estrella?
R.
Distinta, nueva y grande. Como era mi hija, no ha sido una producción normal. Pero es bonito ver que también te puedes realizar en la sombra, a través de la expresión de otro.

P. Y siendo tímido más.
R. Sí, yo debería haber elegido cualquier otro oficio, habría dado más de mí y seguramente habría pasado menos fatigas.

P. Dicen que para los tímidos cantar es como saltar un precipicio.
R. La creación es difícil. Sobre todo si sale mediocre. Yo prefiero que salga un desastre a que salga mediocre. Si sale ni fu ni fa me quedo deprimido. Mejor que el toro se te vaya vivo que te despidan con un silencio.

P. ¿Y qué anda creando?
R. Estoy pensando hacer un centro para la cultura y el arte en Granada. Se llamaría Casa de la Tradición y la Traducción. A lo mejor mi próximo disco se titula así,
Tradición / Traducción.

P. Y eso?
R. Un amigo me habló de un poema que cuenta cómo se sufre traduciendo un poema. Para mi, eso es La esencia del arte: una continua traducción, y bastante angustiosa por cierto. Se trata de traducir tus sentimientos, de plasmar los sentimientos de la tradición, los caminos transitados antes por otros, en tu propio idioma. ¿Cómo canto yo una soleá que le escucho a otro? Quizá traducir es lo único que
- he hecho hasta ahora. Los traductores son gente muy especial. Habrá tíos que han traducido a Dostoievski, la Biblia o el Corán y no los -conocen ni en su casa.

MIGUEL MORA, Madrid