Adela
Campallo

Foto: Fragmento de Jorge Pinamonti
Integrante
de la compañía del Torombo,
con quién además dictó un curso en Buenos
Aires,
nos deleita con su dulzura.
“Mi
madre nunca me ha cantado una nana,
a mí me ha cantado la Soleá de Triana”
Por Soledad Bustamante y Laura Pauza
-¿Qué te parece
estar en Argentina, cómo recibiste la noticia de que venías?
-Estoy muy
contenta de estar aquí, porque sois todos un encanto, porque sois muy cariñosos,
porque parecemos que estamos en familia siempre, y cuando me llamaron para
venir, yo nunca había venido a la Argentina, y es un sitio que siempre me ha
ilusionado mucho conocer, porque he tenido alumnas de aquí de Argentina, y
siempre me decían “tú tienes que venir a dar clases”. Y cuando recibí la
noticia, yo me puse muy contenta. Por ellos, claro que sí, y por venir aquí
también.
-¿Te tomó por
sorpresa?
-Sí porque por desgracia Torombita se puso malita, y claro, entonces ella tenía
problemas y me llamaron, y lo dejé todo y aquí estoy, con todos ustedes, y
encantada de estar con ellos.
-¿Y cómo empezaste
en el flamenco?
-Pues mira, yo empecé cuando tenía unos 9 añitos, es que en mi familia,
venimos de más gente de flamenco, de más gentes artistas, el hermano de mi
padre, el tío de mi padre, de mi madre igual, mi madre canta, cantaba de joven
y sigue cantando, aunque ya no cante para el público. Mi padre y mi madre
tuvieron muchos niños y nosotros éramos todos pequeñitos cuando empezamos. A
mí me gustaba bailar mucho, y a mi hermano, al otro le gustaba la guitarra, y
así poquito a poco pues montamos la familia, formamos una familia, el grupo de
la familia Campallo. Campayo. Bueno y ahí estuvimos ¿no? Durante mucho tiempo, y yo tenía
9 añitos cuando se creó ese grupo.
-Hacían juergas en
tu casa, festejaban...
-Eso es todavía. Y no hace falta fiesta. Sino que a lo mejor está uno tocando
la guitarra en el pasillo, y luego yo me pongo los zapatos, y me pongo a bailar
allí. Esa parte del pasillo está todo rayado, está hecho polvo. Mi padre nos
trajo tablas para que no partiéramos más, pero qué va! Con tal de no coger
las tablas, y ponerlas en el suelo, partimos todo.
-¿Y vos con quién
aprendiste?
-Pues mira, yo estuve con José Galvan y ya después me fui con Manolo Marín, y
estuve un como un añito que iba, venía, y pues ya empecé a trabajar más
afuera. Ya con 15 años me fui a Japón 6 meses, entonces pues ya, empiezas a
trabajar y con eso de irte 6 meses, vienes aquí, te sale otro trabajito,
entonces ya casi ni iba, entonces ya a partir de los 15 años dejé de estar un
poco así. Pero cuando puedo voy otra vez a mis maestros.
-¿Seguís tomando
clases?
-Hace tiempo que no, pero yo sé que me hace falta. Yo estoy de profesora en
Manolo Marín. He estado 2 años. Estoy ahora en Javier Cruz de profesora, y me
cuesta más trabajo arrancar, de ir como alumna. No es por nada, es que estoy
reventáa, porque estoy en “Los Gallos”, estoy dando clases, y ya la verdad
que hace mucho tiempo, y me conviene, porque siempre es bueno tomar clases.
-¿Y qué te pareció
el público acá en Argentina?
-UF! Para mí, para lo que yo he trabajado, lo que yo he visto, es uno de los
mejores públicos. De verdad eh? Y no es un público que toca las palmas donde
no tiene que tocarlas, y la emoción, hay calor sobre el escenario, o sea que no
es un público frío, salimos todo el mundo calentito al escenario, se transmite
esa ansiedad de la gente, ese murmullo que hay cuando se abre el telón, ese
silencio en el momento en que está ahí la luz. Son detalles que al principio
no me daba cuenta. Yo era muy joven, sigo siendo muy joven, y había detallitos
que no me daba cuenta, y este público tiene esos detalles. Esa ansiedad, eso,
cuando tú sales del teatro, esas caras sonrientes, esos agradecimientos, son
muy bonitos. Y de verdad eh? No es porque seáis de aquí. El público es
demasiado. Todo es demasiado aquí en Argentina, yo estoy my contenta de estar
aquí.
-¿Te gustaría
volver?
-Sí! Además confío, confío de que pueda volver aquí, confío que el espectáculo
de Torombo vuelva aquí, con otro espectáculo, con otra cosa, pero confío
mucho. Y que me gustaría, claro. Me gustaría estar con ellos, y estaré con
ellos y a ver.
-¿Hay para vos
alguna forma de definir el flamenco?
-No hay forma, porque ¿sabes lo que pasa? Cuando estás desde chica, mi madre a
mí nunca me ha cantado una nana, a mí me ha cantado la Soleá de Triana, he
escuchado la guitarra de mi padrino, he escuchado a mi tía cantando, a mi tío...
Entonces, cuando vives eso... qué es para mí el flamenco ¡pues mi vida! Es mi
vida, es mi mundo, es mi historia. Que fuera aparte del flamenco tengo otra
vida, tengo mi vida, mis amistades que no son del flamenco, he tenido mi pareja
que no ha sido del flamenco. Pero es que no puedo apartarme de ello. No puedo y
no es por nada, es que soy flamenca. Porque en la palabra flamenco yo me tengo
que incluir dentro, le guste o no le guste a alguna gente, aunque gente critique
o no critique mi baile, o le guste menos, soy de ahí. Porque me he criado en
ello. Es mi vida. Soy flamenca cuando tengo que serlo, en un escenario, y
demostrarlo, y preocuparme por ello e intentar hacerlo lo mejor posible. Y para
dárselo a la gente donde trabajo. El flamenco es un sentimiento, mira... el que
yo diga que soy flamenco no es porque yo me cojo un moño, no es porque yo me
ponga... Ser flamenco es ponerme unos zapatos y bailar... Y bailar flamenco.
Entonces todas las personas que se pongan unos zapatos y que sientan el flamenco
y quieran bailar flamenco, en ese momento son flamencos. Lo que pasa es que yo
creo que flamenco es la persona que le guste y que trabaje por ello y que quiera
estudiarlo. Ahora un profesional, hay que reunir muchas características, y
tienes que nacer con ello, porque eso es como el que pinta, como el que es
pintor como el que es torero. Yo nunca podría ser torera, porque no lo llevo
dentro. Porque eso es arte, y se nace con ello y se tiene.
-¿Cómo ves a la
gente que toma cursos, que intenta estudiar, acá y en otros sitios?
-Pues de lujo. Es que es un arte, es un arte tan profundo, tan interior
tan interno, que salta a la vista ese arte que es el flamenco, es tan
misterioso, que hay mucha gente que lo hace y eso es un encanto, eso es una
dulzura. Que la gente de Japón, la gente de por aquí, es un encanto. Yo voy a
un sitio y veo un cursillo, pero no mío, de quien sea, lleno, y me pongo
orgullosa y no es por nada sino porque es mi vida, es mi mundo, y lo quiero
tanto y lo cuido tanto y me gusta tanto, que cuando yo veo que la gente por ese
arte se vuelve loca. Y es que hay gente en todo sitio bailando bien, cualquier
niña japonesa, peruana, argentina de todo todo el mundo. Y yo estoy muy
orgullosa de ir a los sitios y ver que adoran el flamenco, que apoyan el
flamenco y que lo hacen, no es que lo intentan, hacen flamenco, lo hacen porque
lo sienten, porque lo sentís.
-¿Hay alguien que
admires mucho?
-Mi hermano. Es que para mí yo tengo un monstruo bailando al lado mío: Rafael
Campallo, del cual aprendo. Me enseña, lo enseño, porque es algo que es mutuo,
y para mí es una promesa del flamenco, y para mucha gente. Para mí es una
promesa. Y fuera de mi familia, hoy en día hay fenómenos. Y uno de los fenómenos
que más considero es Farruquito. A parte que su abuelo era mi adoración en el
flamenco, Farruquito, es una personalidad ese niño, un carácter... Y bueno y
Torombo... Qué te voy a decir de Torombo. Fíjate Torombo como es, un
bicharraco del arte. Eso es arte, eso es vamos a dejarnos de pie, y vamos a
dejarnos la imaginación.
-Adela:
¿cuáles son tus sueños?
-Mi sueño es que mi familia esté bien, que exista salud y armonía. Que el día
de mañana pueda tener yo mi familia, mi trabajito, que no falte nunca la comida
en la casa, ni el trabajo. No quiero lujo. Yo creo que el lujo es algo que tu
puedes adquirir, pero la salud no, es algo que te viene, la tienes o no.
Entonces eso es lo que yo pido, lo que no se puede conseguir, lo que sólo te
manda El.