La joven cantaora sorprende con su voz y con su estilo en los distintos shows en los que se presenta. Acompaña bien el baile y sus solos son un deleite, pero además canta palos poco comunes en los tablaos. Suena tan flamenca cuando canta, que parece que lo hiciera desde la cuna. Sin embargo su camino hacia el flamenco pasó por los géneros más variados. Es cordobesa pero de nuestra Córdoba, Argentina. Con ustedes: Mónica Poblete

 Por: Soledad Bustamante

 

-¿Cómo llegaste al flamenco? ¿cómo lo conociste?

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-Llegar al Flamenco fue algo que me fue sucediendo muy de a poco. Mi mamá fue, es y será una fiel seguidora de Raphael, el cantante, y si bien no sería flamenco, Raphael supo tomar elementos vocales, armónicos y temáticas en sus canciones que luego viví e identifiqué como muy flamencos, y sonaba casi siempre en mi casa , cuando mi mamá quería relajarse, por ejemplo cuando cocinaba, o en algún momento libre que ella tenía después de su día de trabajo. Y mi Papá tenía entre sus discos más escuchados “Mediterráneo” de Serrat, lleno de ese dramatismo, lírica y de nuevo, las armonías, y la voz, con esos yeites que tanto me gustaban. Esto lo pensé y relacioné de más grande preguntándome lo mismo que me preguntás vos ahora.  Mi primera experiencia con el Flamenco literalmente fue de la mano de mi amiga y bailaora Mariel Benavidez “La Castaña” acá en Córdoba. Iba yo en el colectivo escuchando radio y enganché una guitarra hermosísima. Seguí escuchando el programa y era un disco de Paco de Lucía que sonaba. El programa era de la tremenda  cantante de copla española “La Morita”, a su vez en ese momento cantaora del grupo que tenía Mariel. Sorteaba una entrada a ver un tablao flamenco en un resto de la ciudad. Y cuando me bajé del colectivo, llamé y me gané la entrada. Cuando llegué al lugar ¡se había suspendido por lluvia! Pero ahí conocí a la Castaña. Ahí empezó todo.

 

-¿Cantabas antes otros géneros o comenzaste directamente con este?

-Hasta ese momento había cantado folcklore, New Metal y durante mi comienzo en el flamenco, cantaba en un grupo de Reggae que teníamos con unos amigos. Me encanta mucha variedad de música. También incursioné en el Jazz, en el soul, la música coral contemporánea, hasta me animé a meter nariz en la música de India y de medio oriente, que siento tan cercana dentro mío.

 

-Sos flamenquísima para cantar… ¿Cómo te formaste?

-Tuve experiencia con algunos muy buenos profesores de canto, pero siempre fui muy solitaria en mi búsqueda dentro de la música vocal. Nada de lo que vanagloriarse, pero sí, es un hecho que fue así. En Córdoba no había nadie que en ese momento me enseñara formalmente como encarar el cante y dentro del flamenco, es algo muy complejo de trasmitir. Escuchar, copiar y repetir era lo que hacía, ese era el método. Pero tenía muy buenos flamencos cerca que me guiaban, casi sin saberlo. Amigos guitarristas y bailaores que estaban cerca para sacarme dudas. Hace un par de años me fui a Buenos Aires a la Bienal a escuchar a Vicente Amigo principalmente, y a tomar una clase con Jeromo Amador, que me sirvió “para todo el viaje”, como decimos acá. En mis viajes más frecuentes allá , tomé clases con Álvaro González y con Clarisa di Salvo. Sin olvidar de mencionar lo atenta que escuché a Jesule de Utrera, los poquitos momentos que pudimos compartir. Y las sumamente refrescantes clases de cantaores que uno alcanza a agarrar las poquísimas veces que aparece uno desde España por estos lares.

 

-¿Qué experiencia hiciste en Córdoba?

-Córdoba  es inmensa para mí en este arte. Empecé a cantar flamenco a los 20, con sus buenos parates. Con el tiempo me fue fascinando cada vez más y fue todo de a poco, compartiendo, cantando con guitarristas, bailaores hermosos de acá. Los 3 grupos de flamenco en los que tuve el privilegio de estar, tanto “Arte Flamenco”, “Los Almendros” (con quienes pudimos compartir escenario junto al maestro Enrique Morente en la primera Bienal) como “Lo bueno y lo Malo”, junto a los espectáculos hechos a pulmón y con tremenda afición a los que fui convocada u organizé, fueron todo, la raíz, lo Primero.

 

-¿En qué momento decidís ir a Buenos Aires y como fue allí la experiencia?

-El año pasado junto con mi talentosísimo amigo Agustín Gallardo, cabeza de la revista virtual Córdoba de Flamencos, nos animamos a organizar el primer festival de cante del país, lo hicimos acá en Córdoba. Y los cantaores que lo engalanaron fueron cantaores que se desempeñan en Buenos Aires: Jeromo, Álvaro  y Juan Alonso “el gaucho”. El traerlos fue una conecta y una semillita, la de pensar que sería enriquecedor ir para allá. Al poco tiempo, me surgieron varias invitaciones a hacer fechas en Buenos Aires en noviembre y diciembre, así que, para no tener que correr con los gastos de ir y volver a Córdoba, me quedé los dos meses casi completos. Fueron súper intensos y de mucho aprendizaje. Conocí a gente increíble y fundamental en mi camino en esto. Hermosa gente que me abrió las puertas, me tendió la mano y me dio oportunidades.  Y la cereza fue la Bienal en diciembre. Disfrutarla como público y pudiendo participar además fue un regalo inmenso de la vida. Y este año volví, me quede 6 meses, con planes de volver a ir un tiempo más, porque fui muy bien recibida y me llena el alma estar en un lugar donde tengo varios espacios y campo para abordar el estilo, y a pasitos casi de Córdoba, por los afectos.

 

-¿Piensan repetir el Festival?

 -En ese momento con Agustín hablamos de continuar, hacer un festival al año, con ganas de traer gente de España. Nos gustó mucho proponer con el Festival, una mirada más “aguda” si se quiere del Cante, con un repertorio de palos no muy comunes de escuchar en vivo en el país, o al menos no con la figura del cante como centro. Trabajamos mucho para poder hacerlo, fue muy gratificante como experiencia y logro, Agu me ayudo mucho a concretar el sueño. La idea está, ahora estamos con otros proyectos personales pero nos encantó la experiencia, quién sabe…

 

-¿Cuáles son tus próximos proyectos?

-Estoy en una etapa de viajar bastante y de buscar escuchar atentamente mi corazón, dentro este arte tan culturalmente antiguo y a la vez tan personal. Con una pequeña gira con el guitarrista y compositor Diego Jara en México para octubre y con planes de ir a España a fin de año, a seguir formándome. Escribiendo un ensayo de forma independiente acerca del momento único y visceral, quizás por excelencia dentro del flamenco, el “Ole”. Siempre quise escribir sobre eso, y llevarlo por costados alegóricos a momentos de mi vida y relacionarlo con mi interés por temáticas como el tarot y su simbolismo y la relación de la voz cantada con nuestro estado de ánimo. Todo “cocinándose”, con bastante sal, como me gusta a mí.

 

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