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Utopía,
que se estrenó el 8 de octubre de 2011 en el
Centro Niemeyer de Avilés, es una
declaración de principios con forma de baile
flamenco que nació de la admiración de la
artista por el arquitecto brasileño Oscar
Niemeyer. Un humanista que a sus 103 años
deja como legado la inconfundible sinuosidad
de sus edificios y, sobre todo, la
integridad, el compromiso y la solidaridad
que han guiado su vida, convertida en
inspiración y mensaje. Un mensaje que Oscar
transmitió a María en sus encuentros en su
estudio de Copacabana.
La obra
se presentó también del 15 al 30 de
diciembre de 2011 en la Sala del Teatro
Español
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El espacio escénico se nutre
-como los dibujos abocetados de
Oscar- de las curvas que
siluetean la naturaleza. En
palabras del arquitecto: “No es
la línea recta la que me atrae,
dura, inflexible, creada por el
hombre. La que me atrae es la
curva libre y sensual. La curva
que encuentro en las montañas de
mi país, en la sinuosidad de sus
ríos, en las olas del mar, en
las nubes del cielo, en el
cuerpo de mi mujer favorita. De
curvas está hecho el universo,
el universo curvo de Einstein”.
La música, original y en
directo, está compuesta e
interpretada por el guitarrista
Rubén Lebaniegos y el cantautor
brasileño Fred Martins y cuenta
con los cantaores Ana Ramón e
Ismael de la Rosa, la guitarra
de José Carrillo Fyty, el
violonchelo de Sergio Menem y la
percusión de Chema Uriarte. |
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Utopía
es, en su esencia, el título de una danza
poetizada que se estructura en ocho partes
(o versos) que convocan poemas de Larbi el
Harti, Neruda, Benedetti, Machado y
Baudelaire. Poemas que ahondan sobre la
solidaridad, el compromiso, el exilio, la
fugacidad de la vida, la pequeñez de los
hombres en un cosmos indiferente a sus
miserias y grandezas, y -ahora más que
nunca- sobre la necesidad de la imaginación
y el idealismo como motores necesarios para
el cambio. Está la esperanza incombustible
de Don Quijote. Y está también el espíritu
de otros autores que han acompañado a María
Pagés en el proceso. Autores como Gilbert
Durand, Gaston Bachelard, Jean Chevalier y
Alain Gheerbrant.
María
lo baila y Oscar lo dice: Cuando la vida
se degrada y la esperanza huye del corazón
de los hombres, la revolución es el camino a
seguir.
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