Entrevista con "Sibila"


Estuvo desde el 1° de abril al 30 de mayo de gira por Italia, actuando en casi todas las ciudades importantes del centro al norte del país, como Roma, Florencia, Bologna, Milano, Torino, Génova, entre otras.

 "El sentir que estás con proyectos, que los podés hacer realidad, que estás con la gente que querés, y que podés hacer algo de arte, es sentirse viva, que tocás el cielo con las manos..."

 ¿Cómo fue que te convocaron para actuar en la obra?

-Alrededor del mes de noviembre, uno de los organizadores de la gira, se contactó con Coqui y Pajarín Saavedra, dos bailarines de folklore argentino para que participen de la obra, y les pidió que le recomendara una bailarina de flamenco, español, con conocimientos de actuación para hacer el personaje de la Carmen y ellos me recomendaron a mí. En esos meses  estábamos presentando “Azabache y Luna”, él me fue a ver al Borges y le gustó y me convocó.

-¿La obra se armó desde acá?

-Sí, durante enero y febrero fueron los ensayos, y toda la compañía salió desde acá. La obra es un proyecto arriesgado, es un musical basado en la Ópera “Carmen” de Bizet, todas las arias son las mismas, tal cual, pero hay una transformación musical en forma de tango argentino, folklore latinoamericano y flamenco, hay una reelaboración de la música que la hizo el director, Daniel Pacitti, que es quien ideó todo, compuso la música, los arreglos musicales y organizó la gira, junto con  Narciso Saúl, los dos socios de “Plataforma Sur”, la entidad organizadora.

-Contanos un poco sobre la obra

-Es una forma muy particular de ver “Carmen”, porque la llevó al Río de la Plata, está situada en los antiguos corrales, los mataderos de Buenos Aires. Entonces ella es una gitana, una andaluza que llega a estas tierras, están los soldados tal cual, pero son de acá, o sea están vestidos con chiripá, a la usanza de acá de la época. Es decir que el argumento se mantiene pero está traspuesta la escena, la escenografía con corrales, nosotras llevamos vestuario de paisanas, pero atemporales. 

Sibila, junto a toda la compañía

 
-Y el flamenco y el folklore, ¿cómo se unían?

-Por ejemplo en el arresto de Carmen, intervenía yo, con un solo de zapateado flamenco,  a ritmo de bulerías, con castañuelas, y dos varones, Coqui y Pajarín Saavedra, con boleadoras, hacíamos un contrapunto con el sonido del tambor del militar. Toda una fusión, el arresto estaba escenificado con las boleadoras como un elemento de castigo y yo con las castañuelas como si fueran la lengua, que hablaba y trataba de disuadirlos de que me arrestaran. 

-¿Había también una cantante que hacía de Carmen?

-Sí, había una Carmen bailarina, y una Carmen cantante. Estábamos las dos, por momentos una en primer plano y la otra jugaba en 2do plano la misma situación una interpretando con coreografía y lo que la otra estaba otra cantando. Era muy interesante. 

-¿Y cómo fue la respuesta del público?

-La respuesta del público muy buena, yo al principio pensé que no iban a entender nada porque los diálogos estaban todos en lunfardo, los italianos entendía el sentido, pero palabra a palabra no, la obra ganaría muchísimo si hubiera un subtitulado en el idioma del país en donde se está. Pero el público aplaudía muchísimo y además, había siempre no menos de 400 a 500 personas por función. 

-¿Tuviste oportunidad de ver algo de flamenco de armar algún curso?

-No porque viajábamos, actuábamos, viajábamos, actuábamos, en algunos lugares estábamos un solo día, lo máximo 4 días en una misma ciudad, más los ensayos, viajes, hacer la rutina, etc. Era imposible, no había tiempo de nada.

-¿Qué proyectos tenés?

-Estoy a full. Yo hace dos años conocí al coreógrafo Adolfo Colque con el cual de entrada nos llevamos muy bien en lo artístico, y siempre quisimos hacer algo juntos, fusionar el flamenco con el jazz. Desde el año pasado empezamos a trabajar: las bailarinas de mi ballet a tomar clases con él, y sus bailarines a tomar clases conmigo, porque tiene que haber toda una preparación. No queremos hacer un espectáculo donde se utilice la palabra fusión y que realmente no la haya, como muchas veces pasa, que se dice que hay fusión y es: por un lado gente que hace una cosa, y por otro, gente que hace otra, y después un número final todos juntos, eso no es lo que queremos. Si no que todos bailemos todo, que el espectáculo desde el principio al fin esté fusionado.  Estamos en vistas con un teatro así que estamos trabajando a full, con la profesora de teatro de la Escuela, que se ocupa de la puesta y de la parte actuada, porque el espectáculo tiene una parte que es toda musical, donde se trabaja el tema de la fusión in crescendo, y la segunda parte tiene un sentido argumental, uniendo la parte teatral a la parte de la danza... estamos en la etapa de laboratorio

-¿Cómo definirías este momento de tu carrera?

-El sentir que estás con proyectos, que los podés hacer realidad, que estás con la gente que querés, y que podés hacer algo de arte, es sentirse viva, que tocás el cielo con las manos...

Por otro lado, este tipo de proyectos de laboratorio, de taller, donde la cosa se va generando en la misma marcha, son bárbaros porque todos somos partícipes y  cada uno es importante y puede hacer sus aportes. Los ensayos se transforman en trabajos vivos, en momentos energéticamente interesantes, y eso es lo que más me alimenta, por eso trabajar con un grupo independiente es bárbaro, acá todo el mundo viene porque tiene ganas, y esa es una energía puesta desde adentro, que suma mucho...

 -¿Querés agregar algo?

- A veces me gustaría que toda la gente del flamenco nos uniéramos más por un proyecto  común, me encantaría por ejemplo que hubiera un festival flamenco, con la participación de los profesores, los alumnos, que en España sucede eso, pero acá es como que está cada uno en lo suyo, cuesta.  Bueno en algún momento yo pienso que se dará. Yo siempre estoy abierta, cuando me piden participación, digo que sí, a todo, es como que cuesta tomar la iniciativa, pero ojalá que algún día se de.


 Luna del Olivar, junio de 2003


Reproducimos a continuación, la traducción de dos de las críticas publicadas en diarios italianos

CORRIERE MERCANTILE – Giovedi 8 Maggio 2003

 EN EL POLITEAMA GENOVES, EL PUBLICO CONTAGIADO DE LA ENERGIA DE LA OPERA-BALLET

“CARMEN” UNA ONDA DE MUSICA COLOR Y DANZA

LOS BAILARINES DAN VIDA A UN JUEGO DE MIRADAS QUE DEJA TRANSPARENTAR FIEREZA, DESAFÍO Y PASIÓN 

Carmen, a través del poder la música, atravesó el tiempo y el espacio. La inmortal criatura de Bizet revive en la original creación de Daniel Pasitti.

Con la dirección de Eduardo Casullo, “Carmen de los corrales”, ópera-ballet en tres partes ha envuelto al público del Politeama Genovés en una onda de música, color y movimiento. Trágica pasión y orgullosa lucha por la libertad, alimentando una historia en que aflora su raíz en la ópera de Bizet representada por primera vez en el año 1875. Es el destino de la gran obra maestra que deja su semilla para las generaciones futuras.

Fue numerosa la reelaboración: desde el ballet “CARMEN SUITE” de SHCHEDRIN  a la versión teatral de PETER BROOKE pasando por el film dirigido por Carlos Saura.

Esta nueva “Carmen” parte de Sevilla de la plaza de toros para arribar al cuartel del matador, “los corrales viejos” en Buenos Aires. El gusto españolizante explota en triunfal representación del flamenco, pero el estigma de “Carmen de los corrales” es el tango. O sea que eso es el tango carnal de Gardel, o bien el refinamiento de Piazolla o sea el tango bailado en el burdel o aquél rústico de los gauchos, esta música encarna en forma total, el espíritu de la Argentina. El ritmo del tango traduce sobre el pentagrama la contradicción y las múltiples vueltas de una nación que tiene en sí un alma cálida y una gélida, que se extiende desde la tórrida frontera mexicana a la helada Tierra del Fuego, que acoge una población heterogénea, formada por indios, brasileños, europeos.

Diversas naturalezas y culturas se han mezclado generando alquímica incomparable, como incomparables son las que improvisan las altas vibraciones del tango. Sobre el palco escénico, los bailarines dan vida a una danza hecha de miradas intensas, que dejan transparentar fiereza, desafío, orgullo y pasión. Sólo el mismo sentimiento que destila la “primera” Carmen en una ópera así enorme. De frente a la grandeza del propio modelo, Daniel Pasitti no se limita a retomar a los personajes y a la red de relaciones que los tiene unidos.

El aria más celebrada y la trama, de la partitura de la ópera de Bizet tiene una correspondencia continua en la compleja arquitectura de este espectáculo. Cambia el “donde”, el “cuando”, el coro es sustituido por la sensual coreografía de la compañía Nuevo Arte Nativo, el tango se entremezcla con el flamenco, el “lunfardo”, lengua mestiza del bajo fondo de Buenos Aires se sobrepone al francés del libreto de Marimée. Pero la pasión de Carmen revive en cada lucha y en cada danza, en cada rosa fragante la misma identidad. Meritorio el aplauso al cantante lírico, intenso aunque no muy creible, además Miria Adriani (Carmen), Fernando Chalabe (don José), Claudia Montagna (Micaela), Alberto Jauregui Lorda (toreador), Mauricio Thiban (Morales). Elogios a la dirección que es mantenida siempre dentro de la línea de los límites de complejidad y virtuosismo.

Riesgo ubicado en cada Carmen, que ha compensado cualquier punto de tensión con actos de gran espectacularidad. 

 

BALLETTO BOLOGNA – Venerdi 11 Aprile 2003.

CARMEN SE DÁ AL TANGO

BOLOGNA: Se basa en la infinita metamorfosis de Carmen, gitana fatal que es,
aunque ella haya emigrado a Bs. As.

Hállase aquí a orillas de la ciudad a principios del novecientos, para cantar y bailar para el pequeño malevaje del lugar. Así la  vemos en “Carmen de  los Corrales” (en la foto), ópera-ballet inspirada en Bizet, reelaborada en forma de folklore argentino y presentada en la Plataforma Sur a la Celebración (hasta el sábado, primera etapa en Italia, repetido en Ferrara y Módena el 27 y 28 de mayo). El título alude a la ambientación, por otra parte apenas sugerida por el arreglo escénico (y como sucede con el personaje, no en profundidad) entre el recinto para el ganado y el de la periferia que acoge a la protagonista del drama, en vez de la enésima transformación de esto en coreografía pura (que vista la fusión con la cultura del tango ha estado de cualquier modo dentro de una misma idea) nos encontramos frente a un espectáculo lúbrico. Por una parte la música de Bizet, reelaborada por Daniel Pacitti: el área más celebrada de la habanera en fin, pero con un arreglo “local” y curioso a base de cuerdas y percusión que procuraran no abandonarla y por lo tanto extrañísimo; pocos trozos recitados en prosa por una compañía de canto a decir por cierto no estrepitosa, que incluye también pasos de baile (la fascinante protagonista es Celina Torres; Don José, Fernando Chalabe, interesante la voz de la Micaela de Claudia Montoya). Por otra parte, con escasa fusión dramática, la fuerza fascinante del número de danza de la formación Nuevo Arte Nativo donde los hermanos Koky y Pajarin Saavedra han inventado coreografía mixta entre el flamenco y la danza de gauchos (exibición del virtuosismo con las boleadoras vertiginosamente agitadas en el aire, que atrapa los aplausos) y la inequívoca melancolía de la música popular argentina cercana de ascender a la raiz misma del tango.

Son la parte más vibrante y sincera del espectáculo argentino que es el que  convoca mayormente a los espectadores. Parece obviedad, en un contaselo como está, hacerse cuestiones de lenguaje. Es un “Tanguero” el Escamillo de Alberto Lorda, aunque en chambergo y pañuelo blanco, con el paso justo de ese matador. Eduardo Casullo dirige la variada animación del espectáculo de cualquier modo, acorde con el buen favor del público.