YOLANDA HEREDIA


Una mujer...
al borde de una bata de cola

 

 

Por Soledad Bustamante
y Laura Pauza

-¿Cómo te sentís al estar nuevamente en Argentina?
-Yo estoy encantada! Y súper contenta! Es muy gratificante para mí regresar y ver que las niñas van subiendo el nivel, van evolucionando. Y me llena mucho más ver que van entendiendo un lenguaje más complicado. Van entendiendo la cadencia de los distintos cantes, las distintas formas de situación de actitud frente al baile, y eso llena muchísimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

     -La primera vez que viniste, hace seis meses, ¿con qué nivel te encontraste?
-La verdad que me sorprendió el nivel con que me encontré la primera vez, pero más ahora, porque se ha crecido mucho en muy poco tiempo, lo que no se logra ni en años. Noté un crecimiento muy acelerado, en cuanto técnica y actitud en el baile, ya al fluidez y rapidez de aprendizaje también. Y eso que ahora hice un trabajo mucho más complicado que la primera vez. En el primer cursillo trabajé lo que es sentir tu propio peso, tu propio cuerpo, la actitud interna, el estar contigo misma. Trabajé con lo que son las propias trabas, con lo que cada uno se tensa o no, trabajamos lo que es dejar que tu propio cuerpo te pida. Y eso requiere ir muy lento en el trabajo, para que se relaje la situación. Ahora trabajamos directamente una coreografía, bastante complicada creo yo, como para subirte a un escenario y bailar, con todo lo anterior también no?, y eso es muy difícil.

-¿Cuál es para vos, la importancia de éste conocimiento interno a la hora de bailar?
-Esto, creo yo, es lo más importante. Además estamos saturados, afortunadamente, de pasos. Por eso es bueno tener una guía que te marque qué hacer, que simplemente, es tu propio cuerpo.

 

 

 

       

 


     -¿Crees que los maestros en general dejan esto de lado?

-No creo que lo dejen de lado. Simplemente que a la hora de poder marcarlo, es porque lo llevas tu siempre en tu propia vida. Un maestro te entrega desde su propia personalidad, a partir de su estado interno emocional, mental y por desgracia incluso económico, entonces te lleva a una cosa o te lleva a otra. Hasta ahora me puedo dar el lujo de enseñar por pasión a mi trabajo, y a través de él recuperar situaciones que he vivido, porque sólo al compartirlas, puedo seguir teniéndolas.

-¿Comenzaste desde muy chiquita?
-La verdad es que siempre bailé. La primera vez que me subí a un escenario tenía 11 años, y ya tenía bastante conocimiento del baile, del cante, de la guitarra. Mi hermano era guitarrista, mi padre cantaor, había una base muy continua.

 

 

 

 

 

 

 


       

   -¿Cuáles son tus actividades actualmente?
-Hago todo, todo lo que puedo. Mira, justito ahora antes de venir para acá, presenté una coreografía, en el Certamen de Coreografía de Madrid, en el Teatro Albéniz. Era un pequeño espectáculo con siete mujeres con batas de cola y se llamaba “Mujeres al borde de una bata de cola”. Fue un trabajo impresionante, tres meses de trabajo increíble, una historia muy nueva para mí porque era la primera vez que se fusionaban distintas sensaciones musicales con la bata de cola, y fue muy interesante buscar las intenciones y actitudes apropiadas para cada sensación. Eran siete coreografías, unidas en realidad en una sola, comenzando con música gallega: una muñeira, hasta un martinete cantado en turco, pasando por un número a batería. Se podía ver allí en bata de cola desde una bailarina contemporánea hasta una bailarina hiperflamenca.

-¿Quiénes participaron como bailaoras?
-Helena Santonja, Ana Romero, Silvia Melero que era la chica de Galicia, Conchi Jariña, Vanesa Colona y Belén Maya. Yo me quedé encantada con esto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

        

    -¿Te gusta experimentar con estas fusiones?
          -En realidad este trabajo fue muy particular. Yo quise   demostrar en éste caso, que la bata de cola, como herramienta para la mujer, no debe perderse, y que se puede evolucionar con ella. Es dependiente de tu personalidad. Tú la puedes utilizar y hasta enriquecer, en la medida que tú la sientas. Si tienes un alto nivel técnico vas a alucinar con la bata, pero incluso si no lo tienes vas a enriquecer tu propia feminidad. La bata de cola te da otro poder. Cuando la usas te causa otras sensaciones. Es un juego. La puedes usar donde tu quieras como quieras, no hay límites. Y yo lo quería demostrar así con este espectáculo. Ahora, a la hora de bailar, para mí, yo soy única y exclusivamente flamenca. Monté esta coreografía con personas que me dieron las herramientas, por su conocimiento en cada disciplina, para demostrar lo que yo quería, que es lo que he mencionado antes, pero no es que me guste indagar o fusionar entre danzas. Para mí, la búsqueda más fuerte es dentro del flamenco en sí mismo, el flamenco es tan hiperprofundo, que nunca terminas de aprender sobre él. Con estar indagando dentro del flamenco, ya tienes para rato.

-¿Vos creés que la bata de cola está un poco relegada actualmente?
-La verdad que por desgracia si, pero yo no me rindo, y a mí me causa mucha satisfacción. Hoy en día hay mucha gente que baila con la bata, que empezaron desde cero, de a poquito, y que se lo tomaron muy en serio en mis clases, con una base muy dura, que han pasado muchos dolores musculares y que ahora ya la tienen como una forma de expresión importante. Y eso me causa mucha satisfacción. Y además ahora sé que eso no se está muriendo. Porque en distintos tablaos se ven chicas bailando con bata de cola.

 

 

 

 

 

 

 

 

   -¿Cómo comenzaste con la bata?
-
Empecé a los 21 años y hoy tengo 34, y fue a través de una entrega total y absoluta a ella que he desarrollado mi propio lenguaje con la bata. Y apoyaré siempre a toda mujer que tenga la valentía de ponerse ese “trapo”.

-¿Cómo ves al flamenco en otros lugares donde vas a dar clases?
-Es que siempre te sorprendes. Sobre todo en América, me atrevería a decir que saben lo que quieren. Son más amantes del baile flamenco tradicional, sin fusiones ni complicaciones, que en España. Eso es muy curioso. Aquí sobre todo lo que más he notado es que la gente pregunta acerca de la cadencia del cante, y que si la guitarra me tira por aquí que pasa y si la seguirilla como es, me entiendes. Tal vez en España como es la cuna, y aprendes todo a un ritmo tan acelerado y tienes todo, a veces sin darte casi cuenta estás incursionando en otra cosa.

-¿Cumpliste todo lo soñado en tu carrera?
-Yo vivo muy en el presente, disfrutando de lo que me va sucediendo día a día. Mi mayor deseo es ser feliz en el escenario. Pero no tengo grandes sueños como ser: “Quiero bailar en el Madison Square Garden o algo así”. Yo quiero estar conectada con el trabajo que sé que quiero y que puedo dar. Por ejemplo luego de aquí con Belén Maya, Rafaela Carrasco, Manuel Reyes y yo con mi bata de cola, hacemos una pequeña girita, nos vamos a San Francisco, y cada uno va a disfrutarlo y a pasárselo como lo siente, y yo, como voy con mi batita de cola, voy a pasármelo de gloria! Para mí es la oportunidad de que el público vea que ambiente se crea en el escenario con la bata de cola y cuál es el poder realmente femenino. Mi meta es poder traspasar todos los bloqueos que se me presenten, poder sacarme todos las historias que no permitan conectarme con mi parte interna, y así ir saltando “las vallas” para estar siempre en conexión con mi interior.

-¿Qué más te gustaría decirle a tus alumnas?
-Simplemente, que el flamenco en sí mismo es muy rico, que está en conexión con lo que es la tierra y la tripa. El flamenco es una danza, una guitarra, un cante, y a través de él puedes expresar absolutamente todo lo que hay dentro de ti. El flamenco en sí es un viaje. Está bueno indagar, buscar, crear, pero que la base no se pierda. Que se evolucione a nivel humano, que se evolucione a nivel interno y también a nivel técnico, pero que no olvidemos que el flamenco es una cultura que hay que aguantarla viva tal cual es. Sin complicaciones de tantas fusiones. A mí el jazz me gusta como es, el blú me gusta como es, el rock bueno ya! Y es bárbaro lo que te entra no? Ahora tu vas a cualquier parte del mundo y dices: “Yo soy flamenca”, y se le cambia la cara a la gente, y dicen: “Oh!!!!, flamenco”. Entonces ahí hay algo muy poderoso que viene de algo muy simple.
Quisiera decir también que no se debería tener tanto miedo de mostrarse uno tal cual es. El convencimiento de lo que haces viene la autosatisfacción que te produce lo que haces. Y esto es un mensaje tanto para la gente que recién comienza, como para la gente que hace mucho que está en esto.
También me gustaría agregar que quiero volver pronto! Pronto!!. Que me encanta el tango argentino, me enamora, me apasiona. Estoy tomando clases de tango todos los días. Termino de dar los cursillos, como algo, me relajo un poquito, tomo mis tacones y me voy a la milonga, todos los días.
Bueno, para terminar diría que en el flamenco tú ves el horizonte, allá, y dices: “allí voy”, y cuando crees que llegaste, es mentira, acabas de empezar. Por eso digo que es como un viaje. Hay un camino muy largo por recorrer sólo con el flamenco, porque es tan rico en sí mismo. Y quien quiera viajar en esto, bueno, es la droga más grande que hay!

Agradecemos a Fabiana Pouso por contactarnos con Yolanda,
y a Elena Gamallo, por invitarnos a su casa para realizar la entrevista.